jueves, 24 de marzo de 2011

El espíritu de Fanny Fink


¿Medio lleno o medio vacío? La eterna y filosófica pregunta. Válida para animar una charla de bar, para utilizar como una muletilla para definir el carácter de una persona o para iniciar una sesuda discusión sobre el lenguaje. Y, sobre todo, una paradoja. El vaso siempre.... está a la mitad. Si está al 50%, nunca supera o se queda lejos de esa cantidad. Y, sin embargo, un dato poco útil cuando lo mira y remira un ser humano. Esa persona que, puede ver ese vaso de manera distinta, no sólo en etapas distintas de su vida, sino en una misma semana o, incluso día.
Un vaso, como metáfora de un estado de ánimo, de un motor en marcha o de otro que gira en círculos, cavando un agujero del que es cada vez más difícil salir. Un vaso, como medición de un carácter, de frases lapidarias, de pesimistas que son optimistas bien informados y optimistas, como una manera de mirar las cosas. Tan sólo un vaso. Mediciones, cantidades, datos exactos e irrefutables pero muchos sentimientos y diferentes maneras de mirar. Los objetos no cambian. El ser humano, animal autorreflexivo de pulgar oponible y comportamiento muy variado, sí.

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